miércoles, 14 de noviembre de 2012

FLORES DE PAPEL: LA ACTUACION COMO DESAFÍO




Por María Elena Bayón Mayor.
Foto cortesía Icarón

Con un renovado elenco masculino, la premiada obra teatral del grupo Icarón, de Matanzas, se presenta esta temporada otoñal en la sala El Mirón Cubano y exhibe su excelencia dramática a más de una década de su  estreno. Dirige Miriam Muñoz, quien   crea un dueto con el actor  Lázaro Castillo. El diseño escénico es del maestro Rolando Estévez

La excelencia de la puesta en escena de Miriam Muñoz con  la obra Flores de papel, continúa galardonando al grupo Icarón, de Matanzas, durante esta temporada otoñal en las tablas de la  sala El Mirón Cubano.
El argumento del dramaturgo chileno Egon Wolff posee vigencia: una mujer dominada por la soledad y un deseo sexual irresistible, cede y deja entrar en su  casa a un desconocido.
La Primera Actriz  interpreta el personaje de Eva con  intensidad y  expresa  su pasión in crescendo. Es tan natural y creíble, que  se eleva sobre cualquier fórmula epocal.
La figura se estructura en moldes rígidos que se reblandecen con la desnudez y el roce continuo del refugiado, en un juego de desbalances emocionales, que significan la aceptación de un estatus moral en decadencia.
El desafío se origina a partir de la contrafigura. Representar el envite con La Muñoz, resulta una encrucijada  para el joven histrión Lázaro Castillo, en el papel de Merluza, oportunidad que aprovecha para mostrar con acierto los singulares matices del personaje y propiciar los puntos de giro..
El actor se presenta brillante en el desplazamiento escénico, en el frenesí de la involución y el complot concebido,  incluso  emerge airoso de la compleja textualidad literaria, manifiesta mediante trazos de cinismo,  sensualidad  y afirmación de un  rencor amenazante.
Merluza  es un personaje de vértices dramáticos. Lo mismo consuma una introversión a fases infantiles, que  emite un gesto de  crueldad, al filo del sadismo, en un andar por las zonas oscuras del alma..
El diseño escénico del maestro Rolando Estévez transita con la obra. Lleva al espectador hacia el aplastamiento de la figura femenina ante el poder de un hombre vulgar y terrible. La imagen plástica converge en  regresión hacia la miseria moral, el infortunio.
Escenografía,  vestuario,  luces marcan el derrotero. Se destruyen los muebles, se llena de periódicos la casa, cuelgan harapos  en las paredes. El vestido nupcial,  adornado con flores de papel,  engulle a la novia bajo el pie del  usurpador. Es una acción escalofriante.
La banda sonora, acertadamente concebida para su repercusión trágica, presenta algunos saltos  de origen técnico, que  deben ser revisados.
Con esta pieza, la agrupación teatral  matancera obtuvo Gran Premio de Puesta en Escena, Diseño Escénico  y de Actuación Masculina en el Segundo  Festival de Pequeño Formato de la Habana, 2000 y ahora, con renovado ìmpetu, se presenta como joya auténtica a los amantes del  arte dramático en la Atenas de Cuba.

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